Flora Tristán

«La ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción, os oprime también a vosotros, hombres proletarios. (…) En nombre de vuestro propio interés, en nombre del bienestar universal de todos y de todas os comprometo a reclamar los derechos para la mujer.» (1843)


Tradicionalmente enmarcada en la corriente del socialismo utópico, resulta pertinente estudiar su vida y su obra como la de una figura de transición entre el feminismo de raíz ilustrada y el feminismo de clase.
Flora Tristán es autora de diferentes escritos de ensayo y de carácter autobiográfico, pero destaca especialmente por su obra Unión Obrera, publicada en 1843. Esta obra tiene como objetivo “el mejoramiento de la situación de miseria e ignorancia de los trabajadores”, a los que denomina, en clara reminiscencia saint-simoniana la clase más numerosa y útil. Desde nuestro punto de vista interesa analizar el capítulo titulado “Por qué menciono a las mujeres”, capítulo en el que desarrolla la tesis de que “todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer” (1). Para Tristán la situación de las mujeres se deriva de la aceptación del falso principio que afirma la inferioridad de la naturaleza de la mujer respecto a la del varón. Este discurso ideológico, hecho desde la ley, la ciencia y la iglesia margina a la mujer de la educación racional y la destina a ser la esclava de su amo. Hasta aquí el discurso de Tristán es similar al del sufragismo, pero el giro de clase comienza a producirse cuando señala cómo negar la educación a las mujeres está en relación con su explotación económica: no se envía a las niñas a la escuela “porque se le saca mejor partido en las tareas de la casa, ya sea para acunar a los niños, hacer recados, cuidar la comida, etc.”, y luego “A los doce años se la coloca de aprendiza: allí continúa siendo explotada por la patrona y a menudo también maltratada como cuando estaba en casa de sus padres.” (2) Efectivamente, Tristán dirige su discurso al análisis de las mujeres del pueblo, de las obreras. Y su juicio no puede ser más contundente: el trato injusto y vejatorio que sufren estas mujeres desde que nacen, unido a su nula educación y la obligada servidumbre al varón, genera en ellas un carácter brutal e incluso malvado. Pues bien, para Tristán, esta degradación moral reviste la mayor importancia, ya que las mujeres, en sus múltiples funciones de madres, amantes, esposas, hijas, etc. “lo son todo en la vida del obrero”, influyen a lo largo de toda su vida. Esta situación “central” de la mujer no tiene su equivalente en la clase alta, donde el dinero puede proporcionar educadores y sirvientes profesionales y otro tipo de distracciones.

En consecuencia, educar bien a la mujer (obrera) supone el principio de la mejora intelectual, moral y material de la clase obrera. Tristán, como buena “utópica”, confía enormemente en el poder de la educación, y como feminista reclama la educación de las mujeres; además, sostiene que de la educación racional de las mujeres depende la emancipación de los varones. De la educación se siguen tres resultados benéficos que son, embrionariamente, los tres argumentos que John Stuart Mill desarrollar cuando se plantee en qué beneficia a la humanidad la emancipación de las mujeres (3). Primeramente, esgrime el argumento de la competencia instrumental: al educar a las mujeres la sociedad no desperdiciar “su inteligencia y su trabajo”; en segundo lugar el argumento de la competencia moral: las obreras bien educadas y bien pagadas podrán educar a sus hijos como conviene a los “hombres libres”; en tercer y último lugar, el que denominábamos el argumento de la compañera, argumento según el cual los varones se benefician de la emancipación de las mujeres en cuanto que éstas dejan de ser sus meras siervas y pasan a ser auténticas compañeras: “porque nada es más grato, más suave para el corazón del hombre, que la conversación con las mujeres cuando son instruidas, buenas y charlan con discernimiento y benevolencia”. (4)

El discurso de Tristán apela, de manera similar a como lo hiciera el de Wollstonecraft medio siglo antes, al buen sentido de la humanidad en general y de los varones en particular (ya que son los depositarios del poder y la razón)-, para que accedan a cambiar una situación que, a su juicio, acaba volviéndose también contra ellos. Además, en clara sintonía con Wollstonecraft, defiende una postura igualitaria que contrasta con el discurso sobre la excelencia de las mujeres defendido por los saint-simonianos y Fourier (5). Tristán que conoció muy bien la vida de las mujeres proletarias -tanto en Francia como en Inglaterra- no parece haber encontrado en ellas cualidades excepcionales. Más bien todo lo contrario, los defectos que son producto de la miseria, la explotación y la ignorancia; de ahí su racional y apasionada defensa de sus “derechos naturales e imprescriptibles”, de su derecho a la educación y a un trabajo digno.

Resumiendo podemos señalar que los elementos más ilustrados y “utópicos” -según la posterior designación de Marx- están en el valor que otorga a la ideología y la importancia clave que asigna a la educación como fuente de perfectibilidad humana y motor del cambio social. Sin embargo es muy notable el giro de clase que imprime a estos argumentos en cuanto que su referente son sólo las mujeres obreras. Como colofón su arenga a los proletarios, en la que se puede observar que, al igual que los socialistas utópicos confiaban en la posibilidad de colaboración entre burgueses y proletarios, Tristán confía en la colaboración de ambos sexos para desprenderse de sus cadenas:

“La ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción, os oprime también a vosotros, hombres proletarios. (…) En nombre de vuestro propio interés, hombres; en nombre de vuestra mejora, la vuestra, hombres; en fin, en nombre del bienestar universal de todos y de todas os comprometo a reclamar los derechos para la mujer. (6)

Notas.-
1. Tristán, Flora, Unión Obrera, Barcelona: Fontamara, 1977, p. 125.

2. Idem., p. 117.

3. Véase en esta misma obra el artículo “Deconstruyendo la ideología patriarcal: un análisis de La sujeción de la mujer”, especialmente los epígrafes “La familia como escuela de igualdad”, “el incremento de la competencia instrumental” y “el argumento de la compañera.”

4. Tristán, F., op. cit., p. 127.

5. Cfr. los trabajos de Neus Campillo “El discurso de la excelencia: Comte y Sansimonianos”, en La filosofía contemporánea desde una perspectiva no androcéntrica, coordinado por Alicia Puleo, Madrid, Secretaría de Estado de Educación, Ministerio de Educación y Ciencia, 1993 y “Las sansimonianas: un grupo feminista paradigmático”, en Feminismo e Ilustración, coordinado por Celia Amorós, Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas-Universidad Complutense de Madrid, 1992. Para Fourier, el artículo de Arantza Campos, “Charles Fourier: la diferencia de sexos y las teorías utópicas”, en Teoría feminista: identidad, género y política. El estado de la cuestión, dirigido por Arantza Campos y Lourdes Méndez, Servicio Editorial Universidad del País Vasco, 1993, pp. 99-116.

6. Tristán, F., op. cit., pp. 129 y 131.


fuente: Ana de Miguel Álvarez: «El conflicto clase-sexo-género en la tradición socialista» (fragmento)

cronología

1803 Nace en París

1828 Gana un juicio de separación de bienes a su marido

1838 Su ex conyuge la tirotea en plena calle

1843 Publica La Unión Obrera

1844 Fallece, víctima del tifus

bibliografía [de]

  • Mi vida, 2003
  • Unión Obrera, 1977
  • Peregrinaciones de una paria, 1986

bibliografía [sobre]

  • Ana de Miguel y Rosalía Romero: Flora Tristán: Feminismo y Socialismo. Antología, 2003
  • Bloch-Dano, Evelyne: Flora Tristán. Pionera, revolucionaria y aventurera del siglo XIX

en la red

  • Mujeres hoy
  • Mujeres en red, tomado de Ana de Miguel y Rosalía Romero: Flora Tristán: Feminismo y Socialismo. Antología, 2003