Clara Campoamor

«Nosotras, mujeres, no debemos prestarnos a contribuir a la farsa
de hacer creer al mundo que la mujer en el Estado español tiene personalidad propia,
cuando la realidad no es ésta.» (1931)


Acertadamente se ha calificado al siglo XX como el Siglo de las Mujeres, y efectivamente no puede ser entendido sin multitud de ellas que han protagonizado este devenir histórico. De esta multitud, destacarían las mujeres de principios de siglo que con un arrojo y valentía sin igual, sobresalieron en la defensa y generalización de derechos y valores para hombres y mujeres. Entre ellas destacamos a Clara Campoamor, y lo haremos siendo fieles a sus propias palabras, haciéndolas resonar en este espacio con la fuerza que ella les imprimía. Reivindicamos a la mujer republicana, feminista y de izquierdas.

Leemos en El voto femenino y yo, ensayo de Clara Campoamor: «Lo que no espero ocurra es que se eleve una voz, una sola, de ese campo de la izquierda, de quien hube de sufrirlo todo, por ser el único que ideológicamente me interesa, y al que aún aislada sirvo; una sola persona que, por estímulos de ética, de mínima reparación, clame y confiese la verdad y proclame al menos que no fui la equivocada yo, sobre quien se han acumulado las pasiones y la injusticia».

Respondiendo a ¿Quién es y de donde viene?, Nada mejor que su presentación: «Yo no advine a la República ni el 14 ni el 16 de abril. Me he formado en el clima paterno, de un hombre que batalló en las épocas difíciles de Menéndez Pallarés, Castrovido y Pi y Arsuaga. Durante la Monarquía ni tuve contactos ni acepté mercedes. Cuando en 1927 la Academia de Jurisprudencia me brindó, como a don Enrique Moret, la Gran Cruz de Alfonso XII -que varios republicanos, seguramente de los que no votaron a mi favor, lucieron y arrumbaron cuidadosos después- como corolario al premio extraordinario anual, rechacé la distinción. En la Dictadura ni acaté órdenes injustas ni acepté conexiones: cuando el dictador dio al Ateneo una Junta de real orden y en ella incluyó mi modesto nombre de ateneísta constante desde 1916, rechacé el nombramiento, con la consecuencia indirecta de tener que pedir la excedencia de mi cargo de Instrucción Pública perdiendo cien puestos en el Escalafón, que no recobré después; y cuando el Sr. Aunós, ministro de Trabajo de la Dictadura, quiso injertar en sus Comités paritarios la modernidad de savia femenina, ofreciendo a tres abogadas en Madrid, Victoria Kent, Matilde Huici y yo, tres flamantes nombramientos de asesores en otros tantos organismos, yo, con Matilde Huici, rehusé el fructífero honor, que otros sirvieron».

De la amplía actividad que desarrolla, destacaremos sus conferencias en la Universidad de Madrid y en la Academia de Jurisprudencia; el prólogo de Feminismo Socialista libro de la militante del PSOE, María Cambrils; la fundación de una Agrupación Liberal Socialista; junto con otros miembros de la Escuela Nueva, trabaja en el grupo que daría origen al partido de Azaña (Acción Republicana) que abandona habiendo pertenecido a su Consejo Nacional; tras la rebelión de Jaca (en la que centenares de republicanos se encuentran encarcelados) Clara Campoamor asume la defensa de los procesados en San Sebastián; por último funda y preside la Agrupación Unión Republicana Femenina.

En 1930 un periódico le pregunta sobre sus ideas políticas y contesta: «República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos».

En cuanto a su defensa del sufragio y los derechos de la mujer, su voz se oiría con fuerza en el hemiciclo del Congreso para defender que no había ni razón ni justicia capaz de negar tal derecho a la mujer y que era labor de unas constituyentes progresistas el reconocerlo. No siendo posible negar con argumentos, alguno de ellos escuchados con anterioridad en relación al sufragio masculino, (cuando el derecho a voto había sido reservado solo para los propietarios), este derecho innato a la propia naturaleza humana y su realización dentro del estado.

Así leemos en El voto femenino y yo: «En la defensa de la realización política de la mujer sustenté el criterio de ser su incorporación una de las primeras necesidades del Régimen, que si aspiraba a variar la faz de España no podría lograrlo sin destruir el divorcio ideológico que el desprecio del hombre hacia la mujer, en cuanto no fueran íntimos esparcimientos o necesidades caseras, imprimía a las relaciones de los sexos».

Finalizaremos con un párrafo del que significamos sus reflexiones, tanto solidarias con su sexo como su conciencia de no ser ella merecedora por sí sola de derechos, sino exigiéndolos para todas las mujeres: «Defendí en Cortes Constituyentes los derechos femeninos. Deber indeclinable de mujer que no puede traicionar a su sexo, si, como yo, se juzga capaz de actuación, a virtud de un sentimiento sencillo y de una idea clara que rechazan por igual: la hipótesis de constituir un ente excepcional, fenomenal; merecedor, por excepción entre las otras, de inmiscuirse en funciones privativas del varón, y el salvoconducto de la hetaira griega, a quien se perdonara cultura e intervención a cambio de mezclar el comercio del sexo con el espíritu».

Su vida

Hija de un contable y una modista, nació en Madrid en 1888, en el popular barrio de Maravillas, llamado hoy Malasaña. Perteneció a una familia sencilla y humilde, de pensamiento liberal, cercano al progresismo. Los recursos económicos procedían del trabajo de su padre en un periódico madrileño, y de los de su madre y abuela materna.

Por la prematura muerte de su padre se vio obligada a interrumpir sus estudios e inició su vida laboral a los trece años, ayudando a su madre como modista. Después pasa a ser dependienta de comercio hasta 1909, año en el que se presenta a unas oposiciones administrativas y obtiene una plaza en el cuerpo auxiliar de Telégrafos, uno de los pocos a los que podía aspirar por su condición de mujer. Así se convierte en funcionaria del cuerpo de Correos y Telégrafos, ejerciendo en Zaragoza y San Sebastián.

En 1914, se presenta y obtiene una plaza en unas oposiciones para profesora en las Escuelas de Adultos, pasando a ejercer en Madrid. A su trabajo como educadora añade el de secretaria del diario “La Tribuna”. La estrechez económica que padeció en su infancia y juventud no fueron un impedimento para que en 1924, con treinta y seis años, obtuviera una licenciatura en Derecho en la Universidad de Madrid, habiendo pasado por Oviedo y Murcia. En 1925 fue nombrada miembro del colegio de Abogados, fecha en la que inició sus actividades políticas. Desde ese momento se manifiesta como una luchadora infatigable por la igualdad de derechos.

Tras el golpe militar de 1936, se exilió en Francia, Buenos Aires y posteriormente se radicó en Suiza, donde permaneció hasta su muerte en Laussanne en 1972, ya que el régimen franquista nunca le permitió regresar a España.

Sus ideas

En 1923 expone sus ideas sobre el feminismo, en un ciclo organizado por la Juventud Universitaria Femenina, en la Universidad de Madrid. En 1925 ya manifiesta en conferencias y escritos su preocupación por los derechos de la mujer. En 1929 forma parte del Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista, pasando más tarde a pertenecer al grupo político Acción Republicana, que posteriormente, se unirá al Partido Radical.

Junto a Margarita Nelken y Victoria Kent fueron las primeras mujeres en obtener un escaño en el primer Parlamento republicano, en el año 1931, elecciones a las que Clara Campoamor se presentó por el Partido Radical, siendo elegida diputada por Madrid.

En este año, Victoria Kent se opuso al derecho electoral de las mujeres, porque consideraba que éstas, influidas por la Iglesia, no votarían la República. Esta postura recibió el apoyo de la derecha, y el rechazo de Clara Campoamor, quien proclamaba el derecho al voto femenino, independientemente, de que gustase o no su orientación. Así Clara Campoamor y Victoria Kent, La Clara y La Yema, como se les apodó en la prensa de la época se enzarzaron en un amplio debate . Clara Campoamor mantuvo el principio teórico de la igualdad y llevó el peso de los debates casi en solitario, con la oposición de su propio partido, el Radical, y de la mayor parte de los republicanos. Eran muchos los que se oponían a la concesión del voto femenino: los partidos de la derecha tradicionalista y católica y los partidos republicanos desde posiciones utilitaristas. Al final el asunto se resolvió con una apretada victoria de los partidarios del “voto femenino” frente a los que se oponían, por lo que la Constitución, aprobada por las Cortes republicanas, reconoció la plena igualdad jurídica y política de hombres y mujeres y gracias a la influencia de Clara Campoamor el voto femenino salió adelante. En la Constitución de 1931 el artículo que lo reconocía quedó así: “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes” y las españolas votaron en las Elecciones Generales de 1933, paradójicamente, el año en que, tanto Clara Campoamor como Victoria Kent, perdieron su escaño.

En 1935, se separa del Partido Radical, quejándose del descuido y la falta de apoyo que desde su partido se presta a los temas de la mujer. En esa época, es nombrada Presidenta de la Organización Pro-Infancia Obrera, para atender a las niñas y los niños asturianos. Al no encontrar ningún grupo político que apoye abiertamente los derechos de la mujer, pretende, sin éxito, organizar un partido político independiente y se le niega la entrada en el Partido de Izquierda Republicana.

Considerada una de las “madres” del feminismo español, defendió la igualdad de los derechos de la mujer, además del sufragio femenino y también promovió la primera ley del divorcio.

Su actividad literaria la desarrolló en los diarios de la época: La Tribuna, Nuevo Heraldo, El Sol y El Tiempo.

Entre sus obras destacan: El derecho de la mujer en España (1936), La situación jurídica de la mujer española (1938), Mi pecado mortal, El voto femenino y yo y La revolución española vista por una republicana.


fuente: www.uv.es a partir de artículos de Maite Márquez González en La Verdad, Albacete, y de www.la-morada.com

cronología

1888 Nace en Madrid
1924 Licenciada en derecho
1931 II República Española (Defiende el derecho de la mujer al sufragio en el debate constitucional)
1933 Directora General de Beneficencia
1939 Se exilia
1972 Fallece en Lausanne (Suiza)

bibliografía [de]

  • Mi pecado mortal: el voto femenino y yo, 2001

bibliografía [sobre]

  • Concha Fagoaga y Paloma Saavedra: Clara Campoamor, la sufragista española, 1986

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